martes, 1 de mayo de 2001

Gloria Carnevali. Problemas filosóficos y psicológicos del arte abstracto

Parte del conflicto en la relación del espectador con el arte abstracto tal vez no se deba del todo al contenido de las obras, sino a la dimensión historicista que muchas veces domina la literatura existente sobre esta tendencia artística.

Portada del libro Problemas filosóficos y psicológicos del arte abstracto, de Gloria Carnevali

El caso latinoamericano es ilustrativo de tal presunción, especialmente por el número de publicaciones concentradas en atender a la abstracción desde el punto de vista de su enfrentamiento con las tendencias figurativas, o a partir de la acción de los grupos artísticos involucrados que se afanaron en hacer de su opción el estandarte de su posición dentro del marco de lo social. Este esquema es en parte responsable de que las manifestaciones abstractas hayan disfrutado de una buena cuota de reconocimiento oficial en muchos de nuestros países, y de que esta actitud haya enfrentado, paradójicamente, una cierta falta de voluntad de la gente para abordarlas.

Si la obra de arte abstracto, en particular la relacionada con la vanguardia, se origina a partir de la premisa de una voluntad de significación en relación a sí misma, su estudio no puede limitarse al terreno exclusivo que caracteriza el enfoque histórico, el cual colinda a veces con lo meramente anecdótico. Así que cuando una persona dice saber sobre arte abstracto, en muchos casos, es probable que en realidad maneje cierta información sobre eventos relacionados con una obra o un artista, pero, tal vez, muy poco pueda decir sobre el significado que evoca de la contemplación (que, por otra parte, no es una tarea fácil). Sobre esto último se centra la publicación más reciente de Gloria Carnevali, titulado Problemas filosóficos y psicológicos del arte abstracto, que es el séptimo número de la serie Reflexiones en el museo publicado por el Museo de Bellas Artes de Caracas. Se trata de cinco conferencias que la autora dio en 1995 en la institución, que resumen su investigación sobre la percepción del espacio en la pintura abstracta. El tono de la disertación en gran medida favorece la claridad y la recepción de las ideas, un recurso similar, aunque de una manera epistolar, que también fue útil a Jorge Romero Brest en ¿Qué es el arte abstracto? (Editorial Columba, 1962). A este objetivo también contribuye la estratégica  selección de ilustraciones a todo color que sirven para apoyar la continuidad del texto.

El prólogo, por el artista Carlos Cruz-Diez, se centra en la dificultad de muchas personas para entender la ausencia de representación en el arte abstracto. Carnevali está convencida de que tal restricción es principalmente perceptiva, por lo que su investigación se ha propuesto llamar la atención de los filósofos, fisiólogos y psicólogos de la percepción en el estudio de este tema, de una manera similar a muchos artistas abstractos que también muestran interés en esas disciplinas.

El primer capítulo se remonta al último tercio del siglo XIX en Europa para introducir la figura de Hermann Ludwig von Helmholtz, quien para ese entonces aplicaba un método de estudio del producto artístico (figurativo, por supuesto) que aislaba los aspectos anecdóticos del tema, concentrándose en la organización visual de la obra. La autora se vale del planteamiento de Helmholtz para realizar una interesante descripción del proceso perceptivo en un par de trabajos de Kasimir Malévich y en otros dos de Liubov Popova. Posteriormente, en el segundo capítulo (“¿Se puede conocer una obra de arte abstracto?”), Carnevali prosigue el estudio de la noción del espacio advirtiendo que la obra abstracta propone sensaciones espaciales que no existen en ella, ni siquiera de modo aparente como en la pintura figurativa, sino que son construidas en la mente del espectador.

En la tercera sección del libro, titulada “El concepto de materia en el arte constructivo” la autora aboga por el método cartesiano para conducir su reflexión. En la consideración de Descartes, Carnevali encuentra una vía para desarmar gran parte de los prejuicios contra este arte considerado inaccesible. La elección es pertinente ya que muchos artistas abstractos, según ella, hacen uso de la lógica cartesiana a la hora de plantear la ejecución de sus obras y la correspondiente relación con el espectador. En este sentido, la atención inicial se centra en trabajos monocromáticos cuyos planteamientos sobre la materia pictórica resulta en sumo grado elemental, tal como se muestra en la depuración cromática llevada a cabo por Malévich a través del grupo blanco sobre blanco, donde la presencia del concepto de materia es palpable, sin el cual el espectador no captaría más que la simple superposición tonal de dos pigmentos. La riqueza de esta idea propicia el desarrollo a lo largo de este capítulo y del siguiente (“De lo intuitivo a lo programado en la relación figura-fondo”) de toda una disquisición que busca resaltar el hecho de que los artistas abstractos “se las arreglan para pintar con la mente del espectador”, y que justamente en el trastrocamiento de sus estructuras cognitivas reside el carácter desconcertante de muchas de estas obras.

El quinto y último capítulo, “La percepción del espacio en la pintura abstracta” es una consecuencia de las perturbaciones a que fue sometida la noción de materia en la sección anterior, así como de sus implicaciones sobre figura y fondo, que condujo inevitablemente a la incorporación del concepto de espacio. Al igual que en el capítulo precedente, la autora toma en consideración una idea de espacio que proviene de la propia experiencia del espectador y luego propone ejemplos donde el artista trastorna tales estructuras de conocimiento y crea efectos imprevisibles.

Es así que este reciente libro de Gloria Carnevali reafirma la convicción de que la obra de arte abstracto no se limita a la simple utilización de elementos plásticos sobre un plano, sin propósito alguno de significación. Al contrario, a través de ellos el artista “juega con las tendencias asociativas de la mente del espectador”. A partir de la filosofía y la psicología, Carnevali asume la reflexión sobre el espacio o la materia aplicada a la obra de arte abstracta, y lo hace desde la convicción de que en la producción de estos artistas tales temas siguen siendo problemas del arte.

Gloria Carnevali. Problemas filosóficos y psicológicos del arte abstracto. Caracas. Fundación Museo de Bellas Artes, 1999, 124 pp.

(Texto originalmente publicado en la revista ArtNexus, n˚40, mayo-julio 2001).
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