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Mostrando las entradas de agosto, 2012

El hombre que llamaba a los árboles por su nombre

Miguel Arroyo llegó a Nueva York en 1939 para asistir al pintor Luis Alfredo López Méndez en la realización de los murales que decorarían el pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de ese año. El recinto reunía, además de los murales de López Méndez, un grupo de hermosas alegorías talladas en madera con las que el escultor Francisco Narváez tributaba a los productos de nuestra tierra: cacao, café, frutas y perlas. También se presentaron muestras del famoso chocolate venezolano y varios trabajos de artesanía.

Por su parte, el objetivo principal de la feria era promover las ideas de democracia, progreso y fe en el futuro resumidas en el eslogan “el mundo del mañana”. Para aquel joven que veía cómo su país se alistaba a salir del atraso social y político que habían dejado tras de sí las casi tres décadas de dictadura gomecista, ha debido ser muy estimulante la promesa futurista proclamada por el Trylon y el Perisferio, los dos emblemáticos monumentos a la modernidad sobre los cuales o…

Esther Alzaibar

Esther Alzaibar (Puerto Rico, 1930) constituye una referencia importante en la cerámica artística venezolana de las últimas décadas. Su carrera ha transitado las formas cerradas, cuyas texturas promovían asociaciones simbólicas con cortezas vegetales, pasando por un período de depuración de las superficies que aumentó el poder encantador de sus esmaltes.

El arte abstracto y la emoción de la geometría

En toda obra de arte existe siempre un determinado grado de abstracción. Cada época y cada artista propone o asume una distancia con respecto a los objetos que decide representar en un dibujo, una pintura o una escultura, haciendo que la identificación de las figuras por parte del espectador sea más o menos directa. Otros artistas, como consecuencia de un proceso de abstracción que se torna más intenso, deciden excluir por completo el objeto de referencia con lo cual las imágenes ya no pueden ser fácilmente identificables.

Héctor Fuenmayor y el amarillo sol

En el albor de su utopía universalista, el neoplasticismo se propuso crear un lenguaje que prescindiera de las apariencias de los objetos del mundo material, abrazara por completo la abstracción y se concentrara en el mínimo posible de la forma, la línea y el color. Esta voluntad comportaba simplificar la composición a un vocabulario de rectángulos y cuadrados, horizontales y verticales, colores primarios, el blanco, el negro y el gris. Como la obra resultante tenía que ser asimétrica, pretendían estos artistas alcanzar un equilibrio absoluto valiéndose de la calculada contraposición de tales elementos.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.

Zervos, Otero y el objeto

Es el 28 de agosto de 1947 y Alejandro Otero escribe una carta desde Avignon: “[…] tú puedes imaginarte lo que esto significa para mí que soy un entusiasta de esta gente, sin la cual yo creo que es imposible ‘agregar nada’”. Un año antes, no muy lejos de donde firmaba Otero su misiva, en la casa del poeta René Char surgía la idea de celebrar un evento que revitalizara el ánimo cultural más allá de los límites del París de la posguerra.

El resultado fue la presentación en el Palacio de los Papas de Avignon de tres creaciones dramáticas del director Jean Vilar, junto con una exposición organizada por Yvonne y Christian Zervos, donde participarían los grandes nombres de la creación contemporánea: Klee, Kandisnky, Miró, Léger, Matisse, Braque, Picasso, entre otros. Ese era el evento que Otero comentaba con tanta emoción y estos los artistas ante quienes no se podía ya “agregar nada”, según confesaba a Alfredo Boulton en aquella carta del verano del 47.


Los Zervos eran unos apasionados d…

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

María Luisa Tovar: El descubrir de una vocación

Los inicios artísticos de María Luisa Tovar (Caracas, 1902-1992) se remontan a 1916, cuando su padre, Nicomedes Zuloaga, invita al escultor catalán Ángel Cabré i Magrinyà a dar clases particulares a sus hijas y otras amigas. En un espacio de la casona de El Paraíso habilitado especialmente para ello se reunían el maestro y sus alumnas a realizar ejercicios de dibujo y pintura, según los modelos académicos de docencia propios de la época.

El tránsito a la abstracción en Manuel Quintana Castillo

Manuel Quintana Castillo irrumpe en la escena artística venezolana con un conjunto de obras en el que destaca la preponderancia del tema femenino. La sencilla plasticidad de las formas, la equilibrada composición y un espacio sensibilizado cromáticamente propician la emotividad de estas figuras. Los grandes formatos contribuyen a la consecución de una imagen enaltecida e imperecedera, capaz de potenciar todo un juego de implicaciones simbólicas.



Aproximación al arte abstracto

La orientación etimológica puede ser útil para iniciar un acercamiento al arte abstracto. Es conveniente atender a este término a partir del vocablo “abstraer”, cuyo uso más remoto ya incluye la noción de separar, arrancar o alejarse. En las representaciones artísticas, por ejemplo en una pintura, nunca son considerados todos los atributos físicos o materiales de aquello que se lleva al cuadro, y en ese sentido puede afirmarse que siempre existe un determinado componente de abstracción.