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Peregrinos y Vírgenes lavando en la pintura de Bárbaro Rivas

El peregrino, hacia 1965. Colección particular

Los atributos del peregrino relacionados con la pobreza, la privación, la penitencia y el viaje (como tránsito) se observan claramente en la vida y en la obra de Bárbaro Rivas. Provienen también del modelo de vida franciscano, cuya referencia más cercana la encontró Bárbaro en el fraile José de Maraury, quien profesó en Petare la caridad hacia los pobres. El peregrino es un desagregado social, un ex-céntrico, y esto también es posible detectarlo en la biografía del artista. Incluso el bastón que Rivas llegó a usar a causa del desgaste físico es posible considerarlo también como un complemento iconográfico de la condición del peregrino.

La idea de retiro que impulsa a esta figura promueve un tiempo y espacio particular donde es posible alcanzar una realidad distinta a la terrenal. En El peregrino (hacia 1965) se observa a un hombre sólo a la orilla del camino, en actitud de descanso, con un grupo de animales cerca. Una forma misteriosa se yuxtapone al hombre sentado y cuestiona su aparente soledad, haciendo pensar en esa coincidencia entre realidad profana y sobrenatural que el aislamiento propicia. En el Fantasma de la pobreza (hacia 1965) se reiteran estas ideas de privación, encuentro con la naturaleza y compañía de animales bajo un esquema compositivo similar.

El hombre luchando con las enfermedades, hacia 1966. Colección particular
Haciendo abstracción del título, en El hombre luchando con las enfermedades (hacia 1966) se ve a un hombre solo con los brazos extendidos rodeado de animales. A primera vista, los animales identificables no pertenecerían al conjunto, por así llamarlo, positivo de la simbología cristiana. Es decir, no se identifican corderos, ciervos o palomas. Por el contrario, es posible reconocer un mono, una serpiente y una gallina, que tal vez se hallen en una interpretación más terrenal del entorno físico y cultural del artista. Desde el punto de vista de las enfermedades como tal, sería la serpiente la más relacionada con esta idea. Una visión franciscana permitiría una interpretación no solo de esta obra, sino también de otras donde Bárbaro incorpora animales. En conjunto podría tratarse de un justificativo para explicar la soledad del artista al final de su vida, ya que estos animales, sobre todo la mayoría de los representados en esta obra, pueden ser asociados, en un ámbito más terrenal, como símbolos de la amistad y de la fidelidad.

La Virgen lavando, hacia 1965. Colección particular
El tema de la Virgen lavando resulta también llamativo desde el punto de vista intercesor de María en la búsqueda de Cristo, que la ubica a medio camino entre lo humano y lo divino; una condición que además de la de mujer y madre, permite incorporar su imagen en escenas más terrenales. En el contexto nacional esta visión cotidiana de la Virgen y otros temas sagrados ya se practicaba a partir de las expresiones del folclor. Sin embargo, en varias de estas obras no parece existir la intención de recrear desde un punto de vista particularmente dichoso el tema de la Virgen lavando los pañales del niño Jesús. En la versión que hace alrededor de 1965, la selección cromática deja ver una cierta escasez de recursos materiales que rodean a la Virgen. Un gran plano de color tierra sobre el que se ubica María, y unas posibles nubes negras hacen más sombría la escena. En La Virgen lavando (hacia 1966) esta sensación se lleva a un extremo de intensidad, donde ya no aparecen los ángeles, ni el árbol donde colgar los pañales. Solo una mujer casi cadavérica, mostrando su dentadura, se ve bañando a un niño en medio de una profunda penuria, sobre el plano marrón desértico y las nubes negras.

La Virgen lavando, hacia 1966. Colección particular

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