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Fotografía: abordar al individuo

Diane Arbus

La presencia del ser humano en la fotografía se caracteriza por una trayectoria que históricamente y, por lo general, se dirige de forma paulatina de afuera hacia adentro. Durante las décadas que van del veinte al cuarenta, la participación del cuerpo humano se aprecia a partir de su potencialidad formal para alcanzar algunos niveles de abstracción (Edward Weston), para causar conmoción (Weegee), para evocar un tiempo que se va (Brassaï).

Las experiencias del fotoperiodismo y la fotografía documental propiciaron un acercamiento a una dimensión más íntima del retratado, que incluso llegó a sentar las bases de una fotografía que revelando los atributos del personaje, evidenciara las cualidades e incluso las posibles carencias del espectador.

Una tradición del retrato social, que provenía de fotógrafos como August Sander, continúa con Diane Arbus (1923-1971), aunque en este caso no se pretenda la imparcialidad que Sander profesaba en su momento para su trabajo. En el caso de Arbus se plantea el interés por registrar personajes excluidos socialmente, para luego, a partir de allí, asumir el reto de establecer una relación entre ellos y el espectador. Esa relación es posible gracias a cierta inocencia que puede detectarse en muchas de sus fotografías, y que después de un tiempo permite vencer las defensas que ellas nos plantean.

Irving Penn. Ingmar Berman, 1964

La fotografía de modas durante los años cincuenta también es una forma de entender esta aproximación al retrato. La importancia que se otorga a la expresión subjetiva del personaje es elocuente en las cualidades que adquiere este tipo de trabajos, tan alejado del estilo pomposo y teatral que caracterizó al retrato fotográfico desde sus inicios. Irving Penn (1917), es un ejemplo útil para describir el estilo sobrio y austero que permite una mayor participación de la personalidad del retratado, al tiempo que, ayudado por el ambiente de sofisticación, intenta idealizarlo.

Richard Avedon. Duques de Windsor, 1954

Este aspecto es llevado a un nivel de gran creatividad por Richard Avedon (1923) quien ha resaltado en su trabajo las expresiones grotescas de las muecas y gestos de sus personajes.

William Wegman. Blondes/Brunettes, 1972. The Museum of Modern Art, Nueva York

William Wegman (1943) apela a usos del retrato formalizados por la vida en sociedad, como el de los documentos de identidad y las licencias de conducir, de una manera tal que consigue centrar nuestra atención hacia su aparente intrascendencia, habituados como estamos a convivir con ellos.

Cindy Sherman. Untitled Film Still #21, 1978. The Museum of Modern Art, Nueva York

Cindy Sherman (1954) se vale también de los arquetipos que elabora la sociedad moderna, en este caso de aquellos que son producto de la industria cinematográfica para reelaborar con sus fotografías una especie de “película” que cuestione varios de los planteamientos fundamentales de la vida contemporánea.

Philip-Lorca DiCorcia

Philip-Lorca DiCorcia (1953) concentra parte de su trabajo en Hollywood, mostrando aquello que habitualmente no está asociado al esplendor de esta ciudad. DiCorcia se vale de un gran refinamiento en el acabado de sus fotografías que contrasta con la sordidez presente en los barrios que rodean a la meca del cine, lo cual revela un alto grado de sensibilidad heredada de la tradición de la fotografía documental.

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