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Néstor Alí Quiñones

De extracción autodidacta, Néstor Alí Quiñones (Tovar, Mérida, 1963) recurre a las cualidades de textura y color propias del expresionismo para elaborar su discurso.

Retrato a imitador, 1996. Ateneo de Valencia, Venezuela

La libertad emotiva no altera las formas, que contribuyen al equilibrio de la estructura compositiva. Junto con la sensibilidad en la pincelada, sobresale la actitud de los personajes emergiendo de ese manto de materia y color. La profundidad psicológica proviene de la disposición de las figuras, en perspectivas que recuerdan a veces el expresionismo cinematográfico.

El artista ha querido ver su trabajo como un desarrollo del cubismo en los términos de un acercamiento diferente al problema de la bidimensionalidad de la pintura. Este gesto de mirar al cubismo como referencia se enmarca también en la actitud desprejuiciada con que el arte contemporáneo asume las referencias históricas, lo cual incide en la poética y el sustento conceptual de estas obras.

En Retrato a imitador el artista se presenta a sí mismo vestido de arlequín en compañía de un perro. ¿A quién mira? ¿A un espectador fortuito? ¿Acaso al autor que nos revela en la obra su propia persona?

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El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.