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Néstor Alí Quiñones

De extracción autodidacta, Néstor Alí Quiñones (Tovar, Mérida, 1963) recurre a las cualidades de textura y color propias del expresionismo para elaborar su discurso.

Retrato a imitador, 1996. Ateneo de Valencia, Venezuela

La libertad emotiva no altera las formas, que contribuyen al equilibrio de la estructura compositiva. Junto con la sensibilidad en la pincelada, sobresale la actitud de los personajes emergiendo de ese manto de materia y color. La profundidad psicológica proviene de la disposición de las figuras, en perspectivas que recuerdan a veces el expresionismo cinematográfico.

El artista ha querido ver su trabajo como un desarrollo del cubismo en los términos de un acercamiento diferente al problema de la bidimensionalidad de la pintura. Este gesto de mirar al cubismo como referencia se enmarca también en la actitud desprejuiciada con que el arte contemporáneo asume las referencias históricas, lo cual incide en la poética y el sustento conceptual de estas obras.

En Retrato a imitador el artista se presenta a sí mismo vestido de arlequín en compañía de un perro. ¿A quién mira? ¿A un espectador fortuito? ¿Acaso al autor que nos revela en la obra su propia persona?

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