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¿Y dónde están las obras?

Arturo Michelena. El desván del anticuario, 1893
Fundación John Boulton, Caracas

Veo en el Facebook que están buscando obras para hacer una exposición cuya inauguración está prevista dentro de cuatro meses. Sin saber por qué, el detalle me ha incomodado un poco. Así que para tratar de encontrar una respuesta me pongo a pensar en el tema.

Una de las primeras cosas que se me ocurre es intentar entender qué es la curaduría. Paso de las definiciones del DRAE que, si bien tiene acepciones que pudieran ser útiles para abordar la curaduría de arte, no se ocupa directamente de este tema.

Según lo que he podido recopilar, y ciertamente a partir de un punto de vista convencional, un curador sería la persona que desde una institución o de manera independiente, asume un conjunto de responsabilidades en relación con una serie de objetos que guardan algo en común. Esto último dependerá de la naturaleza de la institución que puede ser un museo, una galería, una biblioteca o un archivo. De tal forma, y de manera muy resumida, un curador es alguien que estaría en capacidad de responder preguntas (en buena medida esto significa ser responsable) acerca de una colección, entre ellas, y casi de manera involuntaria, la ubicación de las obras que la componen.

De allí que el recurso de publicar un aviso solicitando obras para una exposición me despierte sospechas de que algo no anda bien. Es como tirar la toalla y decir: este tema es una de mis líneas de investigación pero no se dónde están las obras que lo representan: entonces, ¿cómo lo has investigado? Me sorprende cuando se pública un aviso de este tipo porque como curador deberías conocer la ubicación de las obras más representativas de ese artista o periodo, o por lo menos intuir su paradero. Un curador es alguien que acompaña a un artista en su devenir creador. Si el artista no está vivo, entonces el curador tiene la tarea de rodearse de su archivo y crearlo si no existe, o tiene que acudir a otros que si lo conocieron y obtener toda la información posible para lograr la mejor interpretación del trabajo creador.

Pienso que este recurso puede ser válido cuando el tema de investigación ha caído en un olvido de décadas y se ha perdido el contacto con las fuentes primarias de información, o cuando se trata de un catálogo razonado y más bien esperas localizar ciertas obras que el artista ha podido realizar en un tiempo y lugar determinado. En lugar de publicar un aviso para que te digan dónde están las obras que necesitas, puedes organizar conferencias sobre ese artista como parte de los preparativos de la muestra. Como curador seguro tendrás algo interesante que decir y seguro también asistirán los seguidores de ese artista: gente que posee sus obras o que sabe dónde conseguirlas. También puede servir el hecho de que los mismos artistas o sus familiares suelen llevar un registro formal o informal acerca de la localización de sus obras.

Es cierto que la situación política y las expropiaciones que se hacen con frecuencia en Venezuela ha obligado a muchos coleccionistas a llevar sus obras fuera del país de manera muchas veces sigilosa. Esto puede influir en el hecho de que se desconozca el paradero actual de ciertas obras, o que ante esa situación no dispongas de obras suficientes para realizar una exposición local. En este caso el proyecto debería replantearse, y claro, mucho antes de colocar un aviso en Facebook. Aun así, si tuviera que hacer uso de una red social para ubicar obras procuraría hacerlo a través de redes más especializadas, explicando siempre a la audiencia las razones profesionales que obligan a dar ese paso.

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