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María Cristina Carbonell

La esencia, 2006. Ateneo de Valencia, Venezuela

María Cristina Carbonell (San Juan, Puerto Rico, 1964) solía ensamblar piezas de distintos materiales y de referencias cronológicas yuxtapuestas para revisar la estética de otras épocas. El resultado fueron obras que remitían, no sin una dosis de humor, a productos culturales cuestionados por su supuesta mediocridad, pero que al mismo tiempo se hallaban rodeados por un alarde de belleza.

De este período destaca su interés en las repercusiones simbólicas del mármol como soporte para inscripciones fúnebres, aunque, en este caso, en un contexto ironizado. Posteriormente, exploró otros medios como la pintura, la escultura, la instalación y el video, con los que ha abordado el paisaje, lo cotidiano y el mundo interior.

En La esencia, la artista desarrolló una narrativa sobre el tema femenino a través de la desubicación de personajes que muestran una indiferencia hacia las circunstancias adversas de la vida. La selección de una geisha y un ninja obedece al interés de trabajar con caracteres que suscitan múltiples reacciones, muchas de ellas agresivas por la incomprensión que surge de la interacción con el público. La artista encuentra en esa indeferencia un elemento cruel y a veces cargado de ternura que le plantea amplias posibilidades para desarrollar su trabajo.

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El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

El arte abstracto y la negación de la realidad

Una parte de la crítica del arte venezolano cuestionó en algún momento el problema en torno a la ausencia de la referencia local en el arte abstracto de los años cincuenta. Para entender esta supuesta negación habría que considerar la llegada a Caracas desde una provincia atrasada y rural de varios jóvenes que pronto se convertirían en practicantes de tal corriente artística, la situación anacrónica de la educación del arte en la capital y el contraste que esto suponía con referentes de gran resonancia internacional: París, por ejemplo, como centro artístico del mundo.

Calles de La Guaira

Al igual que Caracas y sus alrededores, el litoral central fue punto de interés de los artistas venezolanos de la primera mitad del siglo XX. Así como se concentraban en el Ávila y las calles caraqueñas, del mismo modo cruzaban la gran montaña en busca de la luz de los pueblos costeros. Entre ellos, Armando Reverón es el más célebre por su pasión por estos cálidos escenarios, en los cuales más que un motivo para sus telas encontró el alimento principal de su pintura