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Omar Carreño: Expansionismo. Manifiesto 5

El pensamiento de Omar Carreño como artista, pero especialmente como humanista nunca tuvo límites. Su deseo de expandir las fronteras del arte más allá de lo inmediato conocido tiene como trasfondo la convicción de que no existen barreras para la creatividad.

Omar Carreño en la Bienal de Venecia
Vista parcial de su ambientación
para el pabellón de Venezuela, 1972

Su visión de un arte que no puede permanecer ajeno a cualquier esfera del conocimiento, respondiendo siempre a las exigencias del presente, se encuentra en los manifiestos del Expansionismo, movimiento creado por él en 1953. Como ejemplo de esa manera de entender el papel del arte en el mundo contemporáneo transcribimos el Manifiesto V, donde reafirma sus ideas en un arte en estrecha relación con los desafíos que plantea la ciencia y el papel de ambos en el futuro de la especie humana:
"Dicen los científicos que el vacío puede unificar las fuerzas fundamentales de la naturaleza. Vale decir que dos mundos inmensamente opuestos como son el cuántico y la teoría de la relatividad general pueden lograr la unificación.  
Pero el vacío es un cúmulo de interrogantes y se conoce mal. Por otra parte, los físicos saben que en los 100 millardos de estrellas de la Vía Láctea existen muchas incógnitas, y tienen la convicción de que vivimos en un universo más vasto de lo que se pensaba. A pesar de esta vastedad, la naturaleza toma en cuenta hasta la más mínima partícula. Eso, llevado al plano de la humanidad, significa que cada uno de nosotros es indispensable en el universo, aunque no nos demos cuenta. La expansión del arte creará una nueva relación en la sociedad del futuro. En la Tierra, la naturaleza misma nos solicita, y como artistas queremos colaborar dando nuestro aporte dentro del impulso universal. Si aspiramos a participar como artistas en la Estación ISS (o en futuras estaciones), tendremos que poner de lado la forma de tratar el espacio en la Tierra. La gravitación nos obligará a trabajar con un espacio curvo; esa curvatura es el espacio-tiempo.  
En las ciudades-Estado griegas nacieron las bases del espíritu científico y la noción del universalismo, en medio de un inmenso auge artístico. El Expansionismo insistirá siempre en la participación del arte en las "ciudades-estación" del espacio exterior para abrir un nuevo tipo de universalismo, más dinámico y más consciente de la interdependencia entre el arte y la ciencia, bajo el signo de un nuevo humanismo. Para sustentar ese nuevo arte no basta con acudir a nuevos medios: tiene que prevalecer la creatividad humana".  
Omar Carreño 
Caracas, 28 de mayo de 2009 

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El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.