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Pascual Navarro

De Pascual Navarro dijo Alfredo Boulton lo siguiente:

Pascual Navarro. Autorretrato, 1949
Galería de Arte Nacional, Caracas
En toda relación que se haga sobre de la pintura en Venezuela durante los años cuarenta a cincuenta, es imprescindible tener en cuenta la obra de juventud de Pascual Navarro. Su producción, limitada en cantidad, se destacó, dentro de su grupo generacional, por una personalidad muy definida […]. Dentro de la generación de los primeros estudiantes de [la Escuela de Artes Plásticas] del Cuño fue posiblemente Navarro uno de los que sintió y asimiló de manera más profunda el llamado de las nuevas tendencias. Su fogosidad de carácter, su viva comprensión, su agudizada y fina percepción de los problemas, habían hecho de él una de nuestras mayores esperanzas pictóricas.
Alfredo Boulton,  Historia de la pintura en Venezuela, III, 1972 

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El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.