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Surgir del paisaje

Manuel Cabré. Ávila, 1920
Galería de Arte Nacional, Caracas

En Venezuela, con el inicio del siglo XX, el paisaje se aparta definitivamente de su papel secundario de la pintura para apropiarse por completo de la tela del artista. Si bien ya existían algunos ejemplos en los que las vistas actuaban como el tema único de la composición, en estas predominaba aún la finalidad histórica que limitaba su presencia a una función escenográfica.

La inserción del paisaje como tema independiente puede considerarse como la ruptura con la tradición académica heredada del siglo XIX. Este proceso estuvo guiado por la búsqueda de planteamientos inéditos que pudieran propiciar una mayo autonomía de la pintura y, en ese sentido, contribuyeran a la incursión de nuestras artes en las sendas de la modernidad.

Juan Vicente Fabbiani. La laguna de Petare, 1945
Galería de Arte Nacional, Caracas

El nuevo marco de intereses planteo modificaciones en la manera como el artista enfrentaba la ejecución del cuadro; tal vez la mas significativa consistió en el abandono del taller motivado por una aguda curiosidad hacia el entorno natural que le sirve ahora de tema. De allí derivan otros elementos propios de la pintura de la primera mitad del siglo XX: por ejemplo, en contraposición a un gran formato, tonos oscuros y una pincelada relamida –aspectos del modelo académico– aparecen ahora formatos más pequeños, más económicos y más fáciles de transportar, donde los colores se aclaran por efectos de la luz natural y la pincelada se torna más vigorosa.

Se puede observar en el empleo de estos recursos plásticos la intención de comunicar una doble realidad: por una parte, la del motivo representado, con especial atención a los accidentes que en los objetos produce la intervención de la naturaleza: luz, color y forma; y por otra, el mundo interior del artista, cuyos aspectos subjetivos y emocionales también pueden ser diferenciados a través de estos medios.

Pedro León Castro. Barrios de Monte Piedad, 1943
Galería de Arte Nacional, Caracas

Para llevar a cabo este proyecto renovador de la pintura, nuestros artistas recorrieron diversos lugares de la geografía venezolana, y en el caso especifico de Caracas se puede mencionar, entre otros: el cerro de Monte Piedad, Sabana Grande, el trapiche de Petare, el cementerio de los Hijos de Dios, la laguna de la Urbina y, por supuesto, la montaña del Ávila.

Se trata de sitios que fueron visitados una y otra vez por los pintores, no tanto para realizar un registro fidedigno de la zona, sino más bien para poder expresar en sus obras un modelo idealizado de la realidad, fomentado en parte por la libertad que supuso el manejo de los elementos plásticos en favor de la representación de una naturaleza en constante cambio.

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