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Fernand Léger y la ciudad


La ville, 1919. Philadelphia Museum of Art

Quizás parte de la vertiente urbana que tiene la obra de Fernand Léger se deba a sus antecedentes dentro de la arquitectura, la cual cursó entre 1897 y 1899 en Caen, y que luego, en París, ejerció como dibujante. Quiso matricularse en la Escuela de Bellas Artes, pero sólo ingresó en la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas, lo cual también pudo haber marcado esa visión de las aplicaciones del arte en la vida cotidiana.

Pero su pasión por la pintura hizo que siguiera cursos libres con Leon Gérome y Gabriel Ferrier, que alternó con visitas al Musée du Louvre y el estudio del impresionismo. Léger hizo una interpretación personal del cubismo de Picasso. Sus figuras y objetos pueden ser reconocidos no obstante la simplificación y desarticulación con que los realiza. Sin embargo, la modificación de la forma no busca el análisis de la estructura sino dotar de vigor y dinamismo a la composición, lo cual a la larga lo llevó a imágenes no figurativas.

El dinamismo que se aprecia en Léger esta enraizado con la estética de la máquina, que fue su aporte personal al cubismo. Esto propició vínculos con el presente impetuoso del momento que derivó en dos cualidades importantes: una conexión humana y una adaptabilidad de su propuesta a otros medios, donde se conjugan no solo la pintura, sino también la arquitectura, el teatro y la estética de la máquina como emblema de la sociedad moderna.  Esa cualidad expansiva de su trabajo estableció puentes entre el cubismo y el futurismo.

En 1919, Fernand Léger pinta La ville, uno de sus cuadros más importantes, donde aborda temas claramente identificados con el arte moderno y la metrópolis. Allí expresa a cabalidad el sentido interdisciplinario de su pensamiento creador y el carácter múltiple de su expresión.

A partir de La ville, el autor redefinió la práctica de la pintura a través de la confrontación con formas de producción culturales que se hallaban en el centro de la vida pública y moderna, tales como el diseño  gráfico y la publicidad, el teatro, el cine y la arquitectura, entre muchos otros medios, que paradójicamente no condujeron al abandono de la pintura.

By Caracas1830 (Own work) [CC-BY-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0) or CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons
Vitral, 1954
Biblioteca Central. Universidad Central de Venezuela

En ese deseo de las obras de Léger de involucrarse directamente con nuevos espacios urbanos, experiencias y públicos, se puede ubicar su vitral para el vestíbulo de la Biblioteca Central de la Ciudad Universitaria de Caracas, en un tiempo en que su obra ya se ha vuelto menos abstracta. En los vínculos que lo unen a Venezuela también se cuentan unos decorados que realizó en 1949 para la ópera Bolívar, de Darius Milhaud.

Este carácter multifacético de Léger evidencia la relación cercana que mantuvo con los elementos de la realidad. Destaca el humanismo que enalteció su proceder artístico, el cual se valió de la mayor cantidad de medios posibles para hacerse tangible y para convocar el sentido expresivo y sensible del ser humano. Léger estaba convencido de que la dimensión estética del hombre promedio no era mayor no por una falta de voluntad sino de tiempo suficiente para visitar museos y contemplar obras de arte. Eso quizás explique su deseo de sembrar el arte en la esfera publica, en la ciudad, el nuevo escenario de la vida moderna que se consolidaba entonces.

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