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El arte precolombino de Venezuela

Figura sentada en un taburete, -1000 +1500
Trujillo, Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

Desde esa perspectiva poco importa que nuestras primeras expresiones artísticas no abundaran en el uso de vistosos materiales como el oro o la plata, o que su tamaño y ornamentación no pueda compararse con los de otras culturas americanas. Frente a esas cualidades, nuestra alfarería más lejana pudiera ser valorada como la evidencia de una simplicidad que se ampara en un eficiente manejo de la geometría y la sobriedad para dar cauce a la forma y sentido al material. Esto es palpable en la temprana escultura, pero aún más en las vasijas, botellas y demás piezas de fin utilitario.

La geometría perfiló la forma figurativa o funcional y allí se halla buena parte de la explicación del atractivo de estas obras. Me parece imposible establecer las razones que motivaron a los antiguos artesanos a resolver sus piezas del modo en que lo hicieron, pero nosotros como espectadores podemos comprobar el efecto organizador que cumple la geometría en la eficacia del diseño y en el equilibrio entre el material y el ornamento.

Es probable que un espectador más proclive a la vistosidad que hay en las expresiones de otras civilizaciones, que fueron más avanzadas socialmente y con recursos materiales de mayor esplendor, le resulten menores las muestras de nuestro arte aborigen. En ese caso será necesario aprender a descubrir una potencialidad simbólica en la depuración del ornamento y la forma, así como en la destreza para conseguir lo mismo o más con menos elementos, ya sea mediante una línea que se hunde leve en el barro para insinuar una sonrisa, o con el modelado de salientes y valles que evocan un volumen femenino.

Figura femenina, +1200
Valencia, Venezuela

Desconozco el origen de tal riqueza expresiva lograda con pocos pero bien empleados medios. Pienso en el lejano tiempo en que fueron hechas y no deja de asombrarme la contención sensible que hay en esas imágenes de arcilla, las cuales, no obstante, habrían servido para mitigar a la fiera al acecho, al relámpago y el trueno, al temblor de la tierra. Aventuro la idea de que se trata de una respuesta que reconoce la supremacía del fenómeno natural y por alguna razón no intenta superarlo a fuerza del exceso expresivo. O quizás lo contiene y lo reduce en esos esquemas elementales de la recta y la curva que una vez ayudaron a figurar el orden del Universo.

Lo más visto

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Cubismo y realidad

Para  Braque y  Picasso, el cubismo expresaba lo real de una manera más convincente e inteligente que otras formas de realismo en pintura. Una de esas otras formas, tal vez la de mayor impacto, se basa en el empleo de la perspectiva única, un recurso que se proponía producir la ilusión de un espacio tridimensional en la superficie plana de la obra y con ello dar cuenta del mundo circundante.