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Maruja Herrera

Maruja Herrera. Florero, 2002

Proveniente del diseño gráfico y la ilustración, Maruja Herrera (Caracas, 1951) desplegó un interés hacia el dibujo libre y el diseño de historietas. El carácter fantástico de su trabajo le planteó la necesidad de incorporar el volumen tridimensional como elemento expresivo, ante lo cual la arcilla surgió como el medio idóneo para lograrlo.

La opción era por demás justificada dado el estrecho vínculo que su familia mantiene con la cerámica, además de la orientación que obtendría de su madre, la reconocida ceramista Reina Herrera, la cual complementó luego con diversos cursos que afianzaron su vocación dentro de la escultura.

En el ámbito de la cerámica utilitaria, su obra refleja fielmente los planteamientos de estructura y forma que derivan de su preferencia por la construcción a partir del ensamblaje de placas de arcilla y no mediante el torno tradicional. De esa regularidad del torno se aleja Maruja Herrera para indagar en piezas donde una impronta casi arquitectónica resulta más apreciable.

La superficie rugosa y áspera de sus vasijas responde a una búsqueda de intensas expresiones que no afectan la sencillez de sus formas, y que aumentan el efecto de desgaste natural de superficies más cercanas a lo orgánico. De allí que la presencia del gres en sus tonalidades naturales sea determinante en el resultado cromático de su trabajo. La ausencia de óxidos para alterar el color de la arcilla orienta su obra hacia las texturas mates y grisáceas que remiten a la erosión y a la arena.

Ligada al grupo de ceramistas de Turgua, del cual formó parte desde 1994, Maruja Herrera concilió el interés por un planteamiento artístico de índole escultórico que ha logrado expresiones muy particulares de uso, forma y color. El feliz resultado de ese esfuerzo se aprecia aún más cuando se juzga a la luz de los criterios de producción y calidad en un tiempo determinado que exige el trabajo de taller.

No obstante, la cerámica sigue siendo para ella una labor que requiere de paciencia, en especial cuando se es consciente del largo camino que puede mediar entre un concepto y la realización práctica de la obra. En el caso de Maruja Herrera ese camino ha estado marcado por una investigación que al distanciarse del canon tradicional del objeto cerámico utilitario, ha abierto nuevas posibilidades al disfrute en el uso y  la contemplación de su trabajo.

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¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

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