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Alexander Calder: "juguemos un poco"

Alexander Calder
Caras rotas, 1960
Museo de Arte Contemporáneo de Caracas

El juego está presente en el arte de Alexander Calder. En primer lugar por el antecedente de su famoso circo, en el que como un niño se dedicó por varios años a la creación de un mundo que organizaba como un dios. Luego su juego buscó hacerse más retador y añadió algo de libre arbitrio, algo fuera de la decisión del que juega, un elemento aleatorio como signo del azar y la libertad. Así incorporó el viento, que le permitió continuar el juego aunque él ya no estuviera allí, contemplar el juego aunque él ya no pudiera o quisiera jugar.

“Juguemos un poco” es lo que Calder habría dicho a Carlos Raúl Villanueva cuando este en 1952 le expresó la imposibilidad técnica de instalar los “platillos voladores” dentro del Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas. La actitud de enfrentar el arte no como un “problema” sino como un juego animado por el desafío de superar lo conocido y construir otra realidad, es significativa en este artista. Su intuición no falló, sobre todo si se contempla la feliz integración de arquitectura, forma, color e ingeniería de sonido para lograr un espacio único con una acústica admirable, según los entendidos.

La concepción del espacio en Calder se fundamenta en parte en la actitud lúdica que mantuvo ante la necesidad moderna de crear algo que no existiera con anterioridad. Ello le facilitó el uso de diversos medios expresivos y en particular trascender el lugar tradicional para la disposición de una obra de arte. Su interés parecía querer resaltar la idea de un mundo que está en constante cambio pero que al mismo tiempo no pierde su integridad. Para abordar esa aparente contradicción, Calder exploró las fuerzas que determinan el equilibrio, incluso a partir de aquellas que como el viento pretenden cuestionarlo.

A medida que crecemos tendemos a salir del mundo encantador del juego. Una manera de conservar esa ilusión encendida es a través de la creatividad. Además de ser fundamento de la expresión artística, la creatividad es una disposición para enfrentar muchas situaciones cotidianas. La obra de Calder nos muestra cómo una actitud que evoca la dimensión del infante que juega es propicia para un desarrollo creador y para alcanzar soluciones que se alejen de la conformidad y lo establecido, y ese es uno de los aspectos que más celebro en la alegría que inspira la obra de este genial artista.

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