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Fotografía: la inocencia perdida

Luis Simón Molina-Pantin
Aromatizador de ambiente, de la serie Nuevos paisajes, 2000
Galería de Arte Nacional, Caracas

Los discursos actuales en el mundo del arte, en cierto modo, no dejan de rendir tributo a la actitud que guió la evolución de la fotografía hasta convertirla en una expresión autónoma. La presencia notoria de una cada vez más amplia gama de recursos tecnológicos plantea revisiones a lo que hoy en día se entiende por fotografía, de la misma manera que esta, a finales del siglo XIX, cuestionó las bases de lo que en aquel entonces era considerado como artístico. Sobre estas y otras premisas derivará la discusión artística y ética acerca de la imagen en el siglo XXI.

El principal de estos dilemas tiene que ver con la capacidad inherente a la fotografía para producir imágenes que aún para muchos son un reflejo fiel de la realidad, lo cual fue la punta de lanza en el camino de la especificidad artística. No obstante, el presente nos señala que tal relación entre imagen obtenida y la realidad que le sirve de sustento ha perdido gran parte de su “inocencia”, lo cual podemos vislumbrar de la siguiente manera:

Desde la significación

Hasta ahora la fotografía había actuado como la confirmación de la existencia de los objetos, seres vivos y lugares registrados. No quedaba duda de que lo que aparecía en la foto se estaba refiriendo a la existencia de algo, por lo menos en el momento en que la foto fue tomada. En ese sentido, la imagen obtenida se convertía en una referencia casi indiscutible. La fotografía actual presta gran atención a este último aspecto y se dedica a cuestionar la referencialidad del medio, de tal forma que a primera vista, pareciera estar abandonando los postulados que hicieron posible su constitución como disciplina artística, es decir, una particular devoción a la realidad.

Sin embargo, el problema no puede vislumbrarse a partir de la fotografía en dirección a la realidad que se quiere registrar, sino, esta vez en un sentido inverso, desde la comprensión del mundo contemporáneo como una realidad que por diversos factores se ha tornado sumamente compleja, a la cual, la fotografía, como productora de imágenes, es decir, como generadora de referencias, debe responder incluso al punto de cuestionarse ella misma.

Alexánder Apóstol
Capodimonte, de la serie Residente pulido, 2001
Mercantil, Caracas

Por tal razón se encontrarán obras que se alejan del concepto tradicional de fotografía —entendida como una copia en blanco y negro sobre papel de pequeño formato— en la que no puede objetarse la existencia de lo registrado. La variedad de recursos técnicos y materiales presentes hoy en día pudieran llevar a muchos a afirmar: “eso no es una fotografía”, olvidando que el problema no radica allí. Se trata de obtener una imagen, con los medios que se consideren adecuados para ello, capaz de “reflejar” el mundo tal como lo vemos en la actualidad, aunque eso implique, justamente, negar el reflejo como tal.

Desde el punto de vista socio-político

El cuestionamiento también se debe a que los circuitos empleados para elaborar y distribuir las imágenes ya no están marcados por límites nacionales o regionales, que a su vez dependían de fronteras políticas o ideológicas. El acceso a esas imágenes y a la información necesaria para producirlas, gracias a herramientas como el internet, es cada vez más creciente, instantáneo y generalizado.

La globalización resultante implica la participación de pueblos que antaño permanecían excluidos de los centros dominantes y que ahora pueden influir sobre estos, y viceversa, para la construcción del imaginario contemporáneo. De tal forma, la riqueza de los planteamientos artísticos no reside de manera aislada en los extremos del centro y la periferia, sino en la complejidad de la zona que media entre lo global y lo local.

Aziz + Cucher
Rick, de la serie Dystopia, 1995
Galería de Arte Nacional, Caracas

La digitalización de la imagen ha influido en la reactivación de su capacidad circulatoria a nivel mundial, pero del mismo modo ha abierto las posibilidades al uso de instrumentos alternativos a la cámara fotográfica tradicional, como el omnipresente teléfono celular, pero también la cámara digital, la videocámara, la computadora portátil, el escáner, etcétera, que parecieran dar cuenta de la insuficiencia de un solo medio para aprehender en toda su vertiginosidad la realidad del mundo actual. Como consecuencia, el interés fotográfico ya no se circunscribe a la problemática de la conformación de un lenguaje artístico, que fue característico de la fotografía de vanguardia y de la modernidad. Hoy en día, la disciplina es partícipe de un cuestionamiento multimediático que busca comprometer la imagen que la sociedad contemporánea produce de sí misma, especialmente en lo relativo a la dificultad de abordarla a partir de un único lenguaje.

Es así que la fotografía juega un papel crucial en una sociedad que depende cada vez más del culto que rinde a la imagen. De allí deriva la relación del artista con los diversos medios que en la actualidad son capaces de construir representaciones y de distribuirlas a escala planetaria. A esto ha contribuido el nivel alcanzado por los fotógrafos modernos a partir de la particularidad del medio, con lo cual la actitud del artista contemporáneo puede orientarse hacia nuevas búsquedas conceptuales y sensoriales.

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