Ir al contenido principal

Imagen y texto: Irving Penn, Ingmar Berman y Tecla Tofano

Irving Penn. Ingmar Berman, 1964

Si con un ojo veo diferente
que con el otro ojo,
tengo un ojo que no es
igual al otro. Un ojo
ve las cosas como pienso
que son y el otro ve como
quisiera que las cosas
fueran. Si son las cosas
como pienso, mi ojo
derecho ve bien; si las
cosas son como quisiera
fueran, el ojo izquierdo
es el que ve. Si cierro
un ojo, por cierto el
izquierdo, veo realmente;
si cierro el otro, 
el derecho esta vez, no son
las cosas como las veo.
Cierro los dos y nada veo.
Con los dos ojos
abiertos, las cosas son
como son, como quisiera
fueran y veo doble.
Si veo doble es que no veo.
Cierro los ojos entonces
y veo las cosas
como recuerdos.

Tecla Tofano. Caracas, 1963

Lo más visto

El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

El arte abstracto y la negación de la realidad

Una parte de la crítica del arte venezolano cuestionó en algún momento el problema en torno a la ausencia de la referencia local en el arte abstracto de los años cincuenta. Para entender esta supuesta negación habría que considerar la llegada a Caracas desde una provincia atrasada y rural de varios jóvenes que pronto se convertirían en practicantes de tal corriente artística, la situación anacrónica de la educación del arte en la capital y el contraste que esto suponía con referentes de gran resonancia internacional: París, por ejemplo, como centro artístico del mundo.

Calles de La Guaira

Al igual que Caracas y sus alrededores, el litoral central fue punto de interés de los artistas venezolanos de la primera mitad del siglo XX. Así como se concentraban en el Ávila y las calles caraqueñas, del mismo modo cruzaban la gran montaña en busca de la luz de los pueblos costeros. Entre ellos, Armando Reverón es el más célebre por su pasión por estos cálidos escenarios, en los cuales más que un motivo para sus telas encontró el alimento principal de su pintura