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Del turismo y la pintura

Las agencias de turismo se valen de la fotografía para atraer a potenciales viajeros deseosos de abandonar por un rato el entorno predominante que durante buena parte del año se apodera de sus lugares de origen. Llama la atención que en esos pósters turísticos sobre sitios del Caribe, sus creadores siempre buscan resaltar los colores definidos de nuestra naturaleza, su contraste y su brillo.


Playa Bávaro. República Dominicana. foto: clubmiviaje.com


Por el contrario, en tiempos cuando la voracidad del turismo distaba mucho de su actual apogeo, un pintor excepcional, y a la vez excepcionalmente moderno como Armando Reveron, desentrañó el aspecto de los seres y las cosas cuando se hallaban bajo el impacto de la luz solar de nuestro trópico. Reveron encontró que esa 'luz cegadora' no solo negaba la posibilidad física del color sino que además cuestionaba la materialidad del mundo que le rodeaba.


Armando Reverón. Sin título, 1937. Mercantil, Caracas


En un sentido inverso, pero con una intención en cierto modo parecida, Claude Monet llevó a un extremo la idea de que la pintura podía captar fenómenos lumínicos extraordinarios, incluso en latitudes donde la acción del sol era menos incidente. No en vano buscó, como Reverón, un ambiente donde esas cualidades podrían resultar más favorecidas, una pantalla reflectante que por un efecto rebote permitiría captar y preservar el máximo posible de la luz. El mar —y la arena de la playa— tienen esa cualidad amplificadora de lo solar que da presencia a las cosas, ya sea para convertirlas en un fantasma de su propia existencia, como en Reverón; o para hacer de ellas detonantes de su propia materialidad a través del color, como parecer ser el caso de Monet.


Claude Monet. Impresión, sol naciente, 1872


En todo esto subyace también un enfrentamiento de medios: la fotografía comercial para las vistas turísticas, y la pintura para fundar un arte moderno, que como todo buen arte es crítico de lo que mira y del propio acto de mirar. Los dos medios se proponen una 'revelación', y hasta pueden tener como origen común una 'impresión'. Pero la fotografía del póster turístico aspira a la imagen del deseo, tan idealizada que termina desvirtuando la realidad a la que se supone se debe. La pintura, en cambio, se dirige a la sorpresa, al instante no premeditado en que las cosas se nos muestran de una manera diferente, no como promesa, sino como evidencia de una acción subjetiva de la mirada que, por fin, decide comenzar a mirarse a sí misma.

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