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Ramón Vásquez Brito: poesía visual


La blancura de su esencia palpita en la soledad, 1996
Hotel Venetur Margarita, Nueva Esparta, Venezuela

La figura de Ramón Vásquez Brito destaca por su singular aporte a la conformación de un paisaje de profunda raigambre humanista. La escena marina que se reitera en sus lienzos acoge contenidos que trascienden la inmediatez de la mirada y se adentran en una simbología de emotivos alcances poéticos, originados de una visión memoriosa de la isla de Margarita.

Esta obra corresponde a una etapa en la cual el artista ha consolidado un lenguaje propio que favorece la visión poética del entorno a través de la pintura. Partiendo del paisaje marino, Vásquez Brito se vale de grandes formatos que insinúan el espacio de la costa, el horizonte y el cielo, a través de franjas horizontales, donde el tema casi desaparece para convertirse en una realidad trascendente del motivo insular que fue su origen.

Vásquez Brito crea una imagen que supera la réplica del entorno conocido, aspirando a una suerte de representación ideal del espacio. El empeño en adentrarse sensiblemente en el paisaje parece tener como meta el reconocimiento de la interioridad del pintor. Las coordenadas de este nuevo espacio subjetivo, donde coinciden autor y espectador, provienen muchas veces de los títulos de las obras, suerte de versos de un poema visual que se elabora perennemente.

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El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.