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Javier León: de la ciudad, su idea

Una vista desde el taller de Javier León

El taller de Javier León (Caracas, 1970) está alejado de la ciudad, internado al final de un estrecho camino de tierra, rodeado de matas de mango y aguacate, una selva en escala pequeña y urbana que en esta mañana lluviosa no parece tan ajena a la imagen romántica del espacio de creación de un artista. Desde esta suerte de retiro, Javier “pinta” la ciudad de Caracas, pero no como quien la ve, sino como alguien que la piensa en su devenir de forma y concepto, probablemente los últimos reductos que quedan para intentar convivir con ella.

La ciudad como idea es un acto de fundación. Así se puede entrever en el célebre primer croquis de Santiago de León de Caracas, y así fue en cada plano del urbanista, en el diseño del arquitecto y en la oportunidad del político. A esa suerte la ciudad ha labrado su destino, su patrimonio simbólico y los extremos cursis de amor y odio que implican su diario vivir. Hay un margen entre la línea aséptica del proyecto arquitectónico, entre el concepto de “obra limpia” y la cotidianidad mancillada del monumento construido: un museo, una red de autopistas, los súper bloques de viviendas. En esa brecha incómoda entre la ciudad y la idea que le dio origen y la hizo símbolo, me parece que quiere concentrarse la obra de Javier León.

La representación, más allá del componente de mimetismo que tiende a subestimar sus alcances, ha sido siempre un acto de profunda reflexión artística. Representar una ciudad es también una forma de extroversión en la que el autor se refiere al espacio que ocupa. Juan Pedro López habría sido el más temprano de nuestros creadores en ejecutar ese particular acto de desdoblamiento manifiesto en su vista aérea de la ciudad. Luego, en el siglo XX, nuestros pintores paisajistas dedicaron buena parte de su obra a registrar el “terreno” donde se erigiría la nueva metrópolis. Fue tal vez Pedro Ángel González quien atendió desde sus pinturas a ese tránsito entre el paisaje y la ciudad por venir.

Vista del taller de Javier León

Y es probable que a una idea pretérita del “porvenir” de una ciudad como Caracas se refiera la obra más reciente de Javier León, lo cual hace que su mirada parezca a ratos arqueológica, arquitectónica como simulacro, didáctica en su sentido más controvertido. Entre su obra y el motivo aludido está la intermediación del documento, el dato que recoge la mirada de otro que también pensó la ciudad. En ese registro se detiene esta pintura de León. Por eso la aproximación no es necesariamente nostálgica, sino el resultado de un ejercicio clínico de recorrer una ausencia, de dibujar la sombra de un recuerdo, como en el episodio legendario que habría dado origen a la pintura.


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