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La cerámica en la Colección Mercantil

Desde su confirmación en Venezuela como disciplina con claros alcances artísticos, a principios de los años cuarenta del siglo XX, la cerámica hecha en nuestro país ha logrado momentos de gran esplendor en la historia del arte nacional y más allá de nuestras fronteras. Especialmente, entre la década del cincuenta y noventa tuvo lugar un período de gran efervescencia investigativa y creadora que dio lugar a importantes exposiciones y reconocimientos de gran valor internacional, así como talleres y encuentros de formación, muchos de ellos con notables invitados extranjeros. Tal fue el impacto y trascendencia de aquel período en la escena artística local, que algunos estudiosos de la disciplina han acuñado la existencia de un verdadero "movimiento cerámico".

Una de las colecciones que mejor puede dar cuenta de ese importante momento en nuestra historia es sin duda la Colección Mercantil. Constituida por cerca de 400 obras realizadas por poco más de setenta artistas, abarca desde 1955 hasta nuestros días. Según una perspectiva de estilo y concepto, este acervo se puede ubicar en el tránsito entre la cerámica moderna y contemporánea; es decir, el momento en que comienza a desestabilizarse el canon funcional del diseño utilitario en favor de las posibilidades artísticas que permiten la escultura y la instalación. Allí figuran importantes firmas como Josefina Álvarez, Guillermo Cuéllar, Colette Delozanne, Reina Herrera, Noemí Márquez, Cristina Merchán, Daniel Reynolds, Seka, Gisela Tello, Tecla Tofano, María Luisa Tovar, y Tekla y Gottfried Zielke, entre muchos otros de gran valía.

Los méritos de la Colección Mercantil comprenden no solo el resultado de una paciente selección de obras, sino también el estudio de las bases conceptuales, en cuanto diseño y expresión, que sostienen cada una de las piezas que la conforman. Esta labor ha quedado registrada en dos importantes exposiciones: “Pluralidad y oficio” (2000) y Autonomía y desplazamiento” (2006). La primera reconoció a la cerámica como uno de los medios de la escena contemporánea en virtud de las premisas de experimentación y cambio bajo las cuales se había desarrollado. La propuesta dejó en claro los diversos territorios que había transitado la obra cerámica para trascender el propósito utilitario e insertarse en otros ámbitos que atienden a la complejidad del mundo actual. Esto condujo a la superación de fronteras interdisciplinarias y la inclusión de artistas no ceramistas quienes se valieron del material como una genuina forma de expresión.

El segundo momento de revisión de la cerámica en la Colección Mercantil lo constituyó el proyecto "Autonomía y desplazamiento", el cual reconoció el impacto y la diversidad de estilos y lenguajes que había alcanzado la evolución de la disciplina. La curaduría de aquella muestra promovía el vocablo “autonomía” para destacar el protagonismo alcanzado por la forma, y el “desplazamiento” para revelar los nuevos espacios de creación donde el material como soporte podía hacer alarde de sus cualidades sensibles y de contenido. Un aspecto importante en este proyecto fue la revisión del vínculo entre cerámica y escultura, no para validar la pertinencia del término, sino para entrever la libertad y ruptura con el medio que propiciaron la incursión y la práctica del arte de la instalación. Un aporte a destacar dentro de este plan de estudio de la colección lo significó la exposición monográfica dedicada a la gran ceramista venezolana Cristina Merchán, que se presentó en la Feria Iberoamericana de Arte de Caracas (2006).




Para 2015, la Colección Mercantil se ha planteado una indagación de mayor calado en su sección de cerámica. El proyecto “La cerámica en la Colección Mercantil”, previsto para el segundo semestre del año consiste en una exposición de 150 obras, las cuales resultan propicias para tejer varios hilos narrativos de la historia de la disciplina en Venezuela entre mediados del cincuenta y el presente. La selección incluye obras del más claro origen utilitario hasta otras más cónsonas con las búsquedas del artista contemporáneo, para quien la presencia de la cerámica se diluye en función de otros propósitos y conceptos. Además de los maestros de la modernidad de nuestra cerámica, se incluirá la producción de creadores que desafían las visiones tradicionales, como Domenica Aglialoro, Marta Cabrujas, Isabel Cisneros, Maruja Herrera, Ramsés Larzábal y Mariana Monteagudo. Uno de los principales atractivos del proyecto será su interés en revelar la manera en que la consistencia de la arcilla se ha diseminado entre varias disciplinas, momentos y autores a través de manifestaciones como la escultura, la pintura y la instalación, sin obviar referencias a las artesanías y la arquitectura.

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¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

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