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Andreína Umérez: dibujar con fuego

Bol, 2002. Gres
Andreína Umérez ha concertado en su obra aspectos esenciales de la cerámica utilitaria, tales como la conveniente integración entre forma y uso, junto con un interés particular en el comportamiento del esmalte durante el proceso de quema. Parte de la fuerza de su trabajo se traduce en la alteración química del ambiente interno del horno que le permite resaltar los recorridos internos del fuego y la forma como este va afectando la superficie de cada una de las piezas. Por ello le interesa también la curvatura de sus obras, en las que procura simplificar al máximo cualquier ornamento para que sea el fuego el que complete en sus múltiples variaciones la decoración de la obra.

Umérez es una de las pocas ceramistas que aún ejecuta sus piezas en torno mecánico o “de patada”, y de seguro esa dinámica que funde en uno solo el cuerpo y el alma del artista resulta determinante en el resultado textural de su obra. De allí que la irregularidad o el accidente se conviertan en el acento que quiere significar lo humano.

El repertorio de formas que utiliza se concentra básicamente en teteras, jarras, y vasijas que surgen como una experiencia introspectiva que se nutre del encanto que encierra la creación de un objeto a partir de la masa primigenia del barro. Pero también las decisiones intuitivas que va tomando en cuanto diseño y manejo de las piezas consideran al destinatario de su obra, así como las variadas circunstancias de su uso.

Su relación con la cerámica ha estado marcada por su participación en el grupo Turgua, colectivo de artistas que desarrolló una sólida reflexión en torno al objeto utilitario y a la relación que se funda entre la pieza, el artesano y el usuario. Andreína Umérez hace referencia a esa suerte de filosofía que busca trascender lo doméstico para ubicarse en otro plano de significados que surgen durante la elaboración de la obra. El mérito de su trabajo se debe en gran medida a que la fuente de esos significados resulta en esencia inasible pues depende de las circunstancias imprevistas del horno, y del empeño casi lúdico en querer dibujar con el fuego.

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