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Cervantes y el estilo


Vasco Szinetar. Cervantes frente al espejo, 2016

Durante su formación, el artista aprende sobre historia, teoría y técnica del arte, lo cual, aunado a su curiosidad innata, le servirá de base para seguir o crear un vocabulario plástico. Con esa base, el artista observa el mundo en que vive y a través de una selección de formas propone una interpretación de lo que ve. Según lo eficiente que resulte la estructura significante de tales formas y de su pertinente vinculación con la realidad circundante, será posible suponer algo más que un vocabulario. Surgirá un lenguaje, incluso la tentativa de una gramática de la imagen.

Sin embargo, los  artistas, así como se ocupan de levantar el entramado formal de sus imágenes también tienden a contravenirlo o a proponer modelos o vías alternativos. Tal vez aquí resida el poder seductor del arte; en ese incesante juego entre sugerir y deshacer arrimos de comunicación mediante imágenes que responden a una realidad que es por igual cambiante e inestable.

Cuando esas aproximaciones formales tienden a consolidarse es viable hablar de un estilo. El estilo es una herramienta de comunicación muy útil y poderosa que por su comportamiento ambiguo también entraña un relativo peligro. Una vez instaurado, el estilo ayuda a reconocer con alguna inmediatez al emisor de un mensaje y de allí inferir su contenido. El estilo también nos permite asociar estos dos componentes con otros emisores que previamente han empleado configuraciones formales similares. Una consecuencia de esto dio lugar a los agrupamientos históricos conocidos como los “estilos artísticos”. Otra derivación crítica y contemporánea podría encontrarse en la apropiación, la cita y el plagio.

Lo cierto es que el estilo puede inspirar confianza por conocido o atraernos por inusual. Por el contrario, nos pone en guardia si lo hallamos reiterativo, resguardado en fórmulas ya manoseadas. Atendiendo a su origen etimológico, y trasladándolo al campo visual, el estilo tendría que ver con la manera de manejar un pincel, de aplicar un pigmento en el soporte; con el modo de esculpir una figura, con la selección de un encuadre y del momento en que se dispara una cámara fotográfica. Por su esencia personal y casi que intransferible, en el estilo estarían contenidos la naturaleza y el carácter más humanos de una expresión artística.

José Vivenes. No quiero un hidalgo más, 2016

Todo esto viene a cuento por una exposicion que actualmente presenta la galería de la Corporación Andina de Fomento en Caracas, titulada “Imaginando a Cervantes”. La muestra cuenta con el auspicio de la Embajada de España en Venezuela y forma parte de los homenajes que alrededor del mundo se rinden al escritor Miguel de Cervantes en el 400 aniversario de su muerte. Se trata de una exposición que convoca a un grupo de artistas iberoamericanos, en su mayoría venezolanos, para que elaboren desde la peculiaridad de cada uno de sus estilos una interpretación de un controvertido retrato del célebre escritor universal. En torno a la pintura atribuida a Juan de Jáuregui y Aguilar se juntan 16 artistas de diferentes generaciones y practicantes de diversas disciplinas cuyas propuestas, que suman 21 obras, están todas fechadas este año. El catálogo de la muestra cuenta con un texto de Antonio López Ortega, así como otro a cargo de la curadora Mariela Provenzali.

El ejercicio de proponer un tema común y a partir de allí fomentar interpretaciones creativas por lo general resulta de un gran atractivo. El principal interés radica en la tensión más o menos confortable en que se coloca una forma fija, en este caso la imagen de Cervantes, y las variantes que se generan según el estilo de cada artista. Esto hace que ante la reiteración de un motivo único se produzcan cambios de orden conceptual y plástico que crean a su vez otras significaciones. Este aspecto se torna más inquietante si consideramos que ya la imagen atribuida a Juan de Jáuregui es prácticamente un "retrato hablado" de Cervantes, presuntamente realizado a partir de la descripción que el propio escritor hizo de si mismo.

Jonidel Mendoza. Elocuente identidad del reflejo, 2016

La exposición podría dividirse en tres grupos. Hay casos donde la imagen cervantina se ha transferido “literalmente” a un plano conceptual que recontextualiza la relevancia actual del vestigio fisonómico del escritor, como vemos en los aportes de Ángel Hurtado, Vasco Szinetar (quien se vale del grabado de Fernando de Selma), Jaime Romero o Narda Zapata. En otros ejemplos se aprecia la transformación del icono cervantino cuando entra en el territorio formal de su intérprete, una operación que permite resaltar no solo las propuestas cromáticas o el comportamiento de la línea, sino también sugerir comentarios a la biografía de Cervantes y aun a los del propio artista. Aquí consideramos las creaciones de Abilio Padrón, Edgar Rodríguez Larralde, Jorge Pizzani, Carlos Zerpa, Fernando Wamprechts, Francisco Bugallo, José Vivenes y Marlon Herrera. Un tercer grupo parece ir a contracorriente de la pintura de referencia y se da a la tarea de negarla, someterla a un cuestionamiento perceptivo o tratar de ampliar su campo semántico a partir del manejo de otros atributos, como ocurre con los trabajos de Francisco Pereira, Jordi Bernardó, Jonidel Mendoza y Cristófol Pons.

Ver todas estas propuestas reunidas en una sala de exposición y en torno a un motivo como Cervantes es siempre una experiencia con posibilidades de convertirse en un estimulante divertimento. Sin embargo, como en el caso de esta muestra, también conduce a reflexiones más hondas sobre la naturaleza del lenguaje del arte. El único punto cuestionable de la exposición es que ha sido programada en el período de las vacaciones escolares, con lo cual se desaprovecha una valiosa oportunidad para que un diligente profesor inicie a su clase en el estudio de la figura de Cervantes, la lectura del Quijote y sobre todo para que muestre a sus alumnos los variados, ricos y a veces "misteriosos" caminos que el arte puede ofrecer como lenguaje.



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