Ir al contenido principal

Cristina Santos. Chemtrails

Foto: Fundación Chirivella Soriano

Con la aparición de los blogs y las redes sociales, la función informativa fue liberada de la única fuente institucional que tenía: el publisher. Ahora, una gran mayoría de usuarios asumen este rol de publishers o editores de su perfil de Twitter o muro en Facebook, y a muchos les tiene sin cuidado términos como veracidad, objetividad o imparcialidad.

Si a esto se suma el carácter indiscriminado y la velocidad con que se generan las informaciones, se entiende la sobreexposición noticiosa que nos rodea y la consiguiente afectación del análisis, la capacidad crítica y el sano hábito de contrastar y poner en duda lo que nos llega desde una fuente desconocida.

Cristina Santos (Vila-real, 1990) es una artista cuya obra orbita alrededor de estos temas. Así lo demuestra en su propuesta más reciente “Chemtrails”, una intervencion mural que se exhibe actualmente en la Fundación Chirivella Soriano, y que fue la ganadora de la VI Convocatoria de Sala d’arcs que organizó este centro de arte contemporáneo en Valencia.

Foto: Fundación Chirivella Soriano

La obra consta de un texto dibujado en pared que reproduce parcialmente los consejos de Facebook para detectar noticias falsas, y una doble composición fragmentada de fotografías de la estela de condensación que dejan los aviones en su vuelo. Son estas nubes artificiales conocidas míticamente como chemtrails las que sirven de base a la propuesta de la artista.

Las chemtrails es el nombre que la rumorología ha dado a esas estelas de los aviones cuando surcan los cielos. Según algunas personas no contienen vapor de agua sino químicos destinados a diversos y oscuros propósitos. Esta teoría conspirativa, que comenzó a finales de los noventa, justo con el inicio de la web 2.0, ha sido refutada por la comunidad científica.

La historia le sirve a Cristina Santos para conducir un discurso acerca de la verdad en las redes sociales. Por una parte, el texto con parte del decálogo de Facebook es al principio legible pero su progresiva falta de nitidez podría ser una metáfora del desplazamiento hacia abajo, el infinito scroll que rige nuestro tránsito por internet.

Las dos imágenes de los chorros de vapor que despiden los aviones están ensambladas a partir de diferentes tomas fotográficas, como si hubiesen sido construidas con fragmentos de diferentes observadores. La idea del ensamble nos remite al carácter social de la red, pero también a los diferentes puntos de vista que restan estabilidad a la información, y que parece ser la esencia de la imagen y su posible verdad en el mundo contemporáneo.



“Cristina Santos. Chemtrails”. Fundación Chirivella Soriano. Del 6 de octubre de 2017 al 14 de enero de 2018.

Lo más visto

El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.