Ir al contenido principal

Alfaro-Fuster. Assaig amb els dits

Andreu Alfaro y Joan Fuster, 1987. Foto: José García Poveda

El erudito Joan Fuster (Sueca, 1922-1992) impulsó en libros como Nosaltres, els valencians (1962), las ideas que darían sustento al nacionalismo valenciano contemporáneo y a la definición de lo que se conoce como Países catalanes. Sus planteamientos acerca de la construcción de una identidad nacional basada en la lengua, la cultura y la historia, no pasaron desapercibidos para el joven artista Andreu Alfaro (Valencia, 1929-2012). Para Alfaro el pensamiento de Fuster resultó esclarecedor en la búsqueda de salidas para el limitado panorama artístico en la Valencia de la época, marcada aún por la influencia del luminismo pictórico de Sorolla. Fuster, por su cultura y lucidez, se convirtió en una referencia importante en la carrera artística de Alfaro, dotando a su obra de un arraigo local que enriquecerá sabiamente el alcance universal de sus esculturas.

La magnitud de esta fructífera relación de amistad y conocimiento se puede apreciar en la exposición “Alfaro-Fuster. Assaig amb els dits. Escultures. Escrits. Dibuixos” que se presenta en la Sala Martínez Guerricabeitia del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València. Allí se han reunido cerca de un centenar de objetos entre dibujos, esculturas, bocetos, libros, fotografías y otras publicaciones que en su mayoría son exhibidas por primera vez. Se trata de casi la totalidad de dibujos que Alfaro hizo sobre la figura de Fuster, muchos realizados incluso después de la muerte del pensador, así como algunas piezas tridimensionales. El material exhibido suma las condiciones de obra de arte y de valor documental no solo para testimoniar un proceso de pensamiento y madurez intelectual, sino la amistad y la admiración que unió a ambos personajes.

La exposición realza una cierta coincidencia de procedimiento en los dos creadores que se vislumbra en la reserva formal y expresiva que parecen perseguir: la elocuencia y brevedad de la línea dibujada en Alfaro; la síntesis aforística en Fuster. El título de la exposición busca  aludir a un enfoque y proyección de esa experiencia creadora como algo que se intenta hacer con las manos (assaig amb els dits) y que encuentra en esa espontaneidad su poso de verdad y compromiso. Los dibujos de Alfaro abarcan desde el naturalismo más depurado y se extienden hasta una estilización geométrica que parece ser el punto de partida para resolver el planteamiento espacial  de las ingeniosas esculturas.

“Alfaro-Fuster. Assaig amb els dits. Escultures. Escrits. Dibuixos”. Sala Martínez Guerricabeitia del Centre Cultural La Nau. Del 23 de octubre al 14 de enero del 2018. Comisarios: Artur Heras y Anacleto Ferrer. Consulta más información en: Universitat de València.

Lo más visto

El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.