Ir al contenido principal

Descubre lo que los antiguos bandos pueden contar de una ciudad


Desde principios del siglo XIX, las cridas o pregones, aquellos anuncios que un funcionario hacía en una plaza precedidos de un toque de corneta, comenzaron a ser acompañados y luego sustituidos por los bandos. Estos eran documentos impresos que se colocaban en distintos puntos de la ciudad y que desde entonces se convirtieron en una de las formas oficiales del poder municipal en España para comunicarse públicamente con sus vecinos. Se usan para hacer aclaraciones a las normas en vigencia, recordar la obligación de cumplirlas o recomendaciones para la buena convivencia ciudadana. A pesar de su lenguaje institucional, el bando tiene una naturaleza eventual y cotidiana que lo hace de gran interés para estudiar la historia social y cultural de una comunidad.

El Museu d'Història de València ha reunido cincuenta de los bandos que se publicaron en esta ciudad desde 1800 hasta la actualidad en una exposición que lleva por título “La veu de la ciutat. Dos segles de història a través del bans”. Se trata de una muestra de carácter documental que permite componer un entrañable resumen de la historia de esta urbe a partir del bando, al que se suman obras de arte, fotografías y otros objetos que ayudan a contextualizar el recorrido. La selección proviene de los archivos de la Hemeroteca Municipal, institución que custodia más de cuatro mil bandos y que ha unido esfuerzos con el museo para llevar a cabo este proyecto.


La exposición se organiza en trece secciones que responden a un doble nivel de lectura. En el primero se sigue un eje de hitos en la historia de España Valencia que son señalados por los textos de sala y destacados por pinturas originales y fotografías. Estos se inician con un panorama político, económico y social de la “Valencia recogida” que recibe el comienzo del siglo XIX, pasa por la invasión napoleónica, el ocaso del Antiguo Régimen, las epidemias, los inicios del siglo XX, la Segunda República, los tiempos de guerra y dictadura, hasta alcanzar el retorno de la democracia.

Entre estos grandes eventos, en una segunda línea de lectura, se distribuyen los bandos que van contando una historia alternativa que contrasta por su carácter doméstico y por una suerte de “intimidad pública”: las medidas severas para frenar los daños al alumbrado público o el llamado a preservar el orden y decoro en las funciones del teatro o en los baños de mar. También se aprecian momentos decisivos en la historia de Valencia como la resistencia a la invasión napoleónica. Otros hablan de las mejoras urbanas, como la instalación de las primeras fuentes públicas de agua potable o el control de las hogueras en la víspera de San José, antecedentes de las primeras Fallas. El recorrido sigue en eventos como la adopción del sistema métrico decimal, la llegada del tranvía de tracción animal que dio origen al primer transporte masivo en Valencia, entre muchos otros de interés.


El trayecto concluye con un mural llamado "Si fueras el alcalde..." donde los visitantes tienen la oportunidad de hacer sus propios bandos en unas hojas de papel dispuestas para ello, en un ejercicio que pone de manifiesto la pertinencia de este medio de comunicación. La exposición “La veu de la ciutat. Dos segles de història a través del bans” se presenta como un libro abierto que permite recorrer la historia de la ciudad de una manera diferente. La perspectiva del bando, a pesar de su antigüedad y lenguaje a veces enrevesado, ofrece una mirada poco frecuente para conocer en otra dimensión hechos decisivos en la historia de España y de Valencia. Allí el visitante encontrará pistas para rastrear los orígenes de tradiciones y costumbres que conforman el gentilicio valenciano, algunas ya perdidas y otras que guardan plena vigencia.



“La veu de la ciutat”. Museu d'Història de València. Del 20 de julio de 2017 al 7 de enero de 2018. Comisariado: María Teresa Abad y Javier Martí. Más información y horarios en: Museu d'Història de València.

Lo más visto

El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.