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El arte social de Claudio Perna


Claudio Perna (Milán, Italia, 1938 - Holguín, Cuba, 1997) es un artista con una propuesta de difícil clasificación, quien desde el lenguaje y la comunicación se mostró atento a los nexos entre el ser humano y el entorno urbano y natural. Se le puede hallar como parte de los más renombrados fotógrafos venezolanos de los sesenta y los ochenta. Destaca también por una importante trayectoria como docente. Pero probablemente donde mejor se ubica es como un avanzado comunicador experimental dentro del arte conceptual enraizado en América Latina. Considerado en Venezuela como una decisiva influencia e inspiración en la generación de artistas emergentes de la segunda mitad del siglo XX, la obra de Perna se encuentra en colecciones como el Museo Reina Sofía, el MACBA o el MoMA.

Del prolijo legado de Perna, la galería Espaivisor presenta una breve pero elocuente retrospectiva de obras que abarcan más de treinta años de investigación, agrupadas bajo el conmemorativo título: “Claudio Perna. Arte social. 20 aniversario de su partida (1997-2017)”. La selección, que proviene de la Fundación Claudio Perna, se despliega en una libre combinación de disciplinas que fluyen a través de libros inéditos, ensayos fotográficos, mapas, registros de performances, proyectos expositivos no realizados, arte objetual, dibujos, videos, fotocopias y polaroids.

La exposición está organizada en varios capítulos donde destacan una selección de fotografías y posters, un importante grupo de polaroids, una muestra de su trabajo pionero con fotocopias modificadas, en las que incluyó el estudio de su rostro que llamó autocopias, así como fotografías satelitales intervenidas, mapas y vídeos de sus libros.

Se trata de un valioso conjunto con numerosas referencias que permiten conocer con mayor detenimiento en España la dimensión de la obra de este transgresor de etiquetas y convenciones artísticas. Ahora, cuando se cumplen veinte años de su desaparición física, la exposición en Espaivisor representa una estupenda oportunidad para acercarse a la producción de este promotor del conceptualismo latinoamericano, un artista que, como él mismo decía, solo esperaba “una segunda mirada a la luz del siglo XXI”.

“Claudio Perna. Arte social. 20 aniversario de su partida (1997-2017)”. Del 24 de noviembre de 2017 al 19 de enero de 2018. Espaivisor. Más información en y horarios en: espaivisor.com.

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El arte precolombino de Venezuela

Estoy viendo imágenes de figuras de alfarería del prehispánico de Venezuela, y después de repasar sus cualidades técnicas y las coordenadas geográficas y cronológicas que el arqueólogo minuciosamente les asignó, me entretengo pensando en los cientos, miles de años que han transcurrido desde que fueron realizadas, en las horas remotas en que un hombre, una mujer, conjuró en un poco de arcilla un alivio para los temores de la selva y las dudas de la noche infinita.

¿Existió alguna vez una cerámica venezolana?

En agosto de 1963, en ocasión de una exposición de cerámica que itineraba por Washington, su auspiciador, Hans Neumann, llamaba la atención sobre el título escogido para aquella muestra: Venezuelan Pottery. Lo curioso era que entre las obras exhibidas no se apreciaba una posible conexión que tributara la tradición alfarera de nuestros antepasados, y en cuanto a los artistas, algunos de ellos no habían nacido en el país. Neumann achacaba estos aspectos al hecho de que la trayectoria de nuestra cerámica, en especial la que era fruto de una expresión individual, era relativamente corta pues se había iniciado apenas a principios de la década del cuarenta del siglo XX.

Las casas de Bárbaro Rivas

La obra de Bárbaro Rivas (1893-1967) es una mezcla de géneros. En ella, los paisajes y retratos, la pintura religiosa y la de costumbres se juntan para crear una confluencia de memoria y devoción en la que es posible notar una referencia casi constante a la casa. Se trata de una presencia recurrente que participa de diverso modo en el propósito de sus cuadros. A veces, la casa surge como el telón de fondo del retrato del pintor o como su amparo. Ella es el color; él es la figura en matices de blanco y negro. El artista se nos muestra de frente; la morada, en cambio, se nos da casi toda en los planos imposibles que se extienden por la latitud del cartón.